Ser víctima de trata de personas le arrebató su virginidad y la paz; Cuenta que nunca más ha vuelto a ser la chica estudiosa y alegre que era

Santo Domingo.- Hoy trabaja en una casa de familia brindando servicios domésticos. Le pagan 8,000 pesos. Antes de llegar hasta ahí, fueron muchas las lágrimas que derramó y los hombres que atendió sexualmente la protagonista de esta historia. Ella ocupa un lugar en la larga lista de mujeres que han sido víctima de la trata de personas. Más de la mitad de las víctimas la ocupan mujeres y niñas. Una cuarta parte son niños. La entrevistada conoce este dato. En un buen español muy claro dice: “Después que salí de ese infierno me he quedado como traumada y desde que tengo un chance, busco información de este tema. Hace un año y algo que salí de ese lugar, y todavía no duermo, y hasta poco como”. Hace silencio.

Un minuto y 18 segundos después, retoma el tema. Lo hace con palabras entrecortadas. “A mí me ponían a atender a varios hombres en una sola noche. YoÖ”. Se detiene y se levanta de la silla plástica color azul, rumbo a la cocina. Toma un poco de agua y al regreso, pide excusa. “Ha sido algo fuerte. Yo perdí mi virginidad cuando me convertí en víctima de la explotación sexual. El mismo día que la perdía tuve que estar como con tres hombres”. No puede más y lo deja saber con un llanto que también quebró la voz de quien hacía las preguntas. El equipo de periodistas no tenía prisa. Estaba dispuesto a durar el tiempo que fuera necesario con tal de lograr un testimonio que pueda ayudar a otros a no caer en la trata de personas.

Sobre cómo se convirtió en víctima de trata de personas relata: “Yo había terminado la secundaria, y quería entrar a la universidad. Una persona me puso en contacto con un dominicano, pero no sabía que éste era ‘un traficante de personas’. Al mes, más o menos, ya me estaba dando respuesta. Para llevarme hasta Santiago. Ahí una señora me esperaría, dijo él. Nunca vi la señora. Fui a parar al lugar que te conté”. “Eso sí, te repito lo que te dije por teléfono, no puedes poner mi nombre ni mi cara. Recuerda que a esa gente la ponen presa y la sueltan de una vez, y uno está en peligro. Protégeme, por favor”. Hace la advertencia conforme a las instrucciones que reciben sobre protección, luego de ser rescatadas de ese tipo de negocio. Arabelis Mejía, una experta en Derechos Humanos, Tráfico y Trata de Personas, insiste mucho en la importancia de mantener oculta la identidad de las víctimas. Las lágrimas volvieron, y la joven de pelo crespo, ojos grandes, y un rostro perfilado, algo que dice es poco común en la raza haitiana, decidió terminar con el relato que había comenzado.
Publicado: jueves, 30 de mayo de 2019, a las 6:40 a.m. (ET)