Las dos caras de la miseria en la frontera Domínico-Haitiana; El contraste de imágenes proporcionan la pobreza y la inocencia

Santo Domingo-Haití.- Al cruzar una pequeña cerca que hay para entrar a la casa donde vive Wilmer, la primera imagen que vio el equipo de LISTÍN DIARIO fue al pequeño junto a su hermanita, de seis años, quien trataba de enseñarle algo en un libro escolar. Desde que se percató de la presencia de un fotógrafo en su hábitat, su rostro no pudo ocultar la curiosidad que esto le provocaba. Con la vista seguía cada uno de los movimientos de Jorge Cruz, quien con su lente capturó las contrastantes imágenes que proporcionan la pobreza y la inocencia.
Dentro de la pequeña vivienda en el barrio Las Aduanas, de Comendador de Elías Piña, su madre terminaba de pelar los víveres para la cena. Eran casi las 7:00 de la noche, y Wilmer aun vestía ligero. Llevaba puesto solo un pantalón. Sabrina Jiménez se secó las manos y con timidez procedió a responder las preguntas sobre el modo de vida de su pequeño. Es de poco hablar, pero su respuesta deja claro que esa no es la vida que quiere para sus tres hijos. “A uno le gustaría darles lo mejor a sus hijos, pero con tanta pobreza, toca darles lo que está a nuestro alcance. Al menos pueden estudiar en la escuela pública”, se conforma.

En sus planes no está tener más niños, pues tiene claro que los recursos económicos que lleva el padre de sus hijos, quien es motoconchista, no son suficientes para darles la calidad de vida que todo niño merece. A Wilmer lo amantó por solo un año, pues su hermanito de dos se ‘adueñó’ del seno. Para complementar la alimentación de los pequeños se valió del té de anís y de comidas sólidas que, aunque para entonces no tenían edad apta para ello, era una salida para evitar que pasaran hambre. Guardar silencio ante las respuestas que no quería ofrecer se hizo costumbre durante la conversación. Había que reenfocar algunas preguntas para lograr lo buscado. “Ellos duermen juntos los tres en una cama. Son dos varones y una hembra”, por fin dijo ante la interrogante de que cómo duerme Wilmer. Sobre las veces que come en el día, finalmente admitió que dos, por lo regular, y que cuando aparece para más, tres veces. “A él le dan comida en la escuela”, cuenta llevando la mente de esta servidora a pensar que ese es uno de los privilegios que no tienen los niños de aquel lado de la frontera, y que tanto buscan las madres haitianas que vienen a parir sus criaturas aquí.
Publicado: jueves, 31 de agosto de 2017, a las 9:14 a.m. (ET)